Pasé todo Agosto triste, literal, en lágrimas: mañana, tarde, noche. Inconsolable, frágil como cristal por lo que desarrollé dermatitis bajo mis ojos, rompí mi piel por llorar tanto. Qué increíble ha sido pasar todo esto, perder uno de tus padres es una cosa tan irreal, lo sientes lejano de ti hasta que te toca, te pasa y no sabes cómo ni por dónde empezar a recoger los pedazos de ti.
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Aceptar que no se puede revertir lo que ya pasó ha sido el tema de este último tiempo. Inexorable. Me apena tanto ver a mi papá padeciendo una pena que traspasa tantas capaz de su coraza, es inexplicable la sensación que deja en mí como hija, mi viejo siempre ha sido serio, correcto, pragmático, de valores firmes, consecuente y coherente entre lo que piensa, dice y hace. Ver a través de él me deja en un plano adyacente y nuevo: mi papá también es sensible y puede ser vulnerable. Agradezco que pueda cederme este lado suyo tan íntimo y poder acompañarlo. Me ha dejado ser la niña de 7 u 8 años que necesita un abrazo porque sí y me ha consentido con dulces y regalos, cómo convencerlo que no necesita comprar mi amor.
Septiembre fue el portal para la aceptación, el cuerpo ya entiende que no volverá, que no la podré abrazar más, que no la oleré ni podré mirar a sus ojos, esos ojos que siempre me parecieron inusuales. Martín tenía una presentación folclórica y había que arreglarle un pantalón para la ocasión, aquí fue inevitable pensar cuánto me faltaba mi vieja para algo tan simple como ajustar una pilcha para mi enano. Para más remate se me cayó la puerta de la cocina, me bajó una pena irracional, porque esta casa que habito fue y es de mi mamá, no quiero que nada cambie, siento que cualquier arreglo o remodelación hará que desaparezca una parte de ella. Tuve la suerte de tener un ángel dispuesto a sacarme del apuro y, ya con tiempo, mi viejo pudo darme una mano y arreglarla oficialmente. La casa sigue igual a como la dejó mi mamá. Quisiera no desprenderme de estas paredes, me reconforta tener cerca el vestigio de la vida de mi vieja, un testigo de su existencia en este mundo, mis recuerdos de infancia y adolescencia, por muy duro que pudieran haber sido, nos definió como familia y no podría cambiar nada para evitar lo inevitable, hay todavía tantas incógnitas alrededor de madre que puede estar ligado a algo de su infancia y yo no habría podido salvarla, pienso que faltó una persona clave, unas palabras que la hicieran sentir contenida o representada para que tuviera el valor de pedir ayuda, de hacerse ver y dejar esa máscara de "fuerte", de "niña bien portada".
Este mes, también fue un recordatorio de cuán sostenida y querida soy. Me siento con suerte por estar rodeada de gente de perfecta calidad humana. Gracias por escucharme y acompañarme, no saben, ni se imaginan cuánto significa para mí. Creo que es una de las formas que tengo que vivir para construir nuevos pilares que me acompañen en la medida que voy creciendo. Sé que los papás no son para siempre, pero pasar por esto es, en definitiva, una lección de vida. En estas circunstancias, notas quién se queda y a quiénes no les importas derechamente.
Me hallo en una etapa de muchísima introspección. Resignificando la vida misma, mi rol como madre e hija, como mujer, como trabajadora, como artista/artesana. Sé que mi vieja no me lo decía de frente, pero cuando llegaba con alguna manualidad, tejido, invento o lo que sea que haya creado, ella podía decirme "qué eres habilosa", "qué eres creativa" y esto lo tomé como su forma de mirarme a través del "hacer". Me he estancado ahora mismo, no me siento con ganas de tejer, ni de crear, pintar o dibujar, ni tocar guitarra siquiera. Como que me perdí a mi misma. No tengo a quien hacer sentir algo por mí que realmente significaba lo importante que podía tener en esta vida. Suena durísimo, pero me alegra poder haberle dicho que sus palabras, sus "te amo" era todo lo que estaba esperando desde siempre y me dió a entender que tengo que seguir siendo yo, que aprobaba lo que era yo con todo lo que ello implica y quiero honrarla, hacerla sentir orgullosa de mis decisiones, sólo que ahora me siento agotada emocionalmente para iniciar algo. Espero que, en un par de semanas, pueda retomar la vida con más intención y conciencia de que existo y que aún vivo agradeciendo lo que tengo, porque, simplemente, me lo merezco.




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